Gente linda, me llena de felicidad que elijan sonreír y sacarle una buena interpretación a cada suceso de la vida. Creo realmente saludable que el motivo que mueva sus hilos sea la creencia de una conspiración universal para que todos y cada uno de nosotros consigamos lo que deseemos con sólo proponérnoslo. De verdad, felicítolos. Ahora bien, si cada vez que yo comente alguna experiencia, o haga alguna apreciación a viva voz sobre la mierda que fue mi día, o por qué el gran hijo de perra se mandó mudar y no me avisó; si cada vez que yo comparta una situación nefanda ustedes van a venir a decirme que fue por culpa mía, y porque yo no pensé o deseé con todas mis vísceras que eso sucediera, o porque una parte de mí (¿?) no lo quiso así, me sentiré en la obligación de mandarlos al carajo.
Digo y repito, respeto creencias, pero no hagan la gran Testigos de Jehová, no vengan a predicarme el “todo está en tus manos”, no vengan con el “pedí, visualizá, aceptá” porque no creo que todo lo malo que yo considero que ha pasado por mi vida o la de los demás haya llevado tanto trabajo. O sea, lo malo (según Rhonda, que no pidió, visualizó, aceptó sino que vendió millones de ejemplares hasta fumárselos en pipa) pasa porque uno lo llama, sólo con pensarlo ya vino, ya lo convoqué; ahora, lo bueno para que suceda depende de ochenta mantras distintos: ¿cómo es viejo: lo malo responde a un pensamiento incluso involuntario y a lo bueno lo tengo que invitar a fuerza de sonreír ante los dolores menstruales? Que quede claro algo, hay quienes en dios, hay quienes en Mahoma, hay quienes en el casino, hay quienes en los astros, ustedes creen en “la sonrisa ante todo” y lo respeto, como a quienes creen en todos los antes nombrados. Yo, particularmente no creo en nada, salvo en las personas con las que me rodeo hace vidas. Gracias, pero paso… prefiero aplicar mi propio mecanismo de supervivencia sin ninguna burbuja inmunizante.