Era de noche en el barrio. Habíamos terminado de comer y yo de llorar por otra pena amorosa. De repente, algo trepó a la ventana y se quedó mirándonos. Los tres nos sorprendimos. Era pequeño y gris y nos miraba un montón. Bajé la persiana, apagué las luces, creyendo que volvería a su casa. Me equivocaba, porque comenzó a maullar avisando que no tenía una casa adonde regresar. Por fin salí y vino corriendo. Me agaché y se me arrimó a los pies, ronroneando como nunca escuché. Era precioso. Pero precioso de verdad. Era chiquito aunque no bebé. Yo miré a mis dos cómplices y la menos amante de los gatos me devolvió una mirada que lo decía todo. Hasta a ella la había comprado. El resto no sé si importa describirlo. Lo custodié hasta el día siguiente. Enfrentó al perro de la casa como si fuera un león africano. Por fin la menos amante de los gatos vino a buscarlo con su marido para darle un hogar al que sí poder regresar. Al minino le costó adaptarse, porque no sabía controlar el amor, los mimos, dos perros nuevos y otros tantos gatos. Con el tiempo todo se armonizó. Sólo hizo falta paciencia y amor. Por eso, hoy reafirmo mi creencia de que las mascotas no deberían morir. Nunca. Ni en la realidad ni en la ficción. Simplemente debería suceder otra cosa, no sé muy bien qué. Tal vez la eternidad.
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lunes, 10 de febrero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
Eureka
No
es una palabra mágica. No es la política. No es la religión. Ni la
vida en Marte. Tampoco la filosofía. O la matemática. No es la
física, ni la química. No es el verbo. Ni siquiera la verdad. No es
el ciberespacio. Ni la teoría del secreto. No es google. No son las
abstracciones. Ni las grandes ideas. O pagar con débito. No son los presagios. Tampoco la
astrología. No es la paz, ni la guerra nuclear. No es empezar de
nuevo. No es ni remotamente un estallido. Tampoco las catástrofes
naturales. No el avance tecnológico. No es la ciencia. Ni la fe. No los vicios.
Tampoco el sexo. O los
implantes cyborgs. No es el cine, ni sus estrellas. No es la
meditación. Ni el reciclado. No es la pintura. Me atrevo a reconocer
que ni siquiera la literatura. Nada por el estilo. Lo único capaz de
salvarnos es la música. Sí. Sólo eso. La música.
martes, 27 de agosto de 2013
Teoría y práctica
Harald
Weinrich escribió sobre los tiempos de la narración y del
comentario. Distinguió qué tiempos verbales se utilizan en el
discurso cotidiano (mundo comentado) y cuáles en el ficcional (mundo
narrado). Dentro de la narración exponía la diferencia entre el
Pretérito Imperfecto (cantaba) y el Pretérito Perfecto Simple
(cantó). Observaba que el primero era un tiempo que servía como
decorado, para enmarcar las situaciones principales (Los pájaros
cantaban sobre las ramas, y la fronda tocaba una música como de
anís), y el segundo representaba el tiempo de los hechos puntuales y
principales, del primer plano, aquellos que hacían que la historia se desarrollara,
siguiera, se activara (De repente, algo se vislumbró en el cielo,
todo se quedó quieto y esperó). Hoy recordé toda esta teoría,
cuando intenté encontrar un paralelo de lo que sucede cuando algo se
termina. Los finales nunca son fáciles, para nadie supongo. Y hoy
palpé el final, y tiene la textura de cuando vos y yo ya nos hablamos como le
hablaríamos a cualquiera, cuando en nuestra mirada no vemos nada propio,
cuando dejamos de ser únicos. El final es el final cuando ese
otro que siempre apareció en colores, ahora se funde en el blanco y
negro de la masa amorfa del resto. Cuando ya es uno más, como
cualquier otro. Recién hoy pude reconocer que dejamos de estar en
pretérito perfecto simple, dejamos de ser el motor que hacía
avanzar la historia, para convertirnos indefectiblemente en un
pretérito imperfecto, ese telón de fondo que se va fundiendo con el
pasado.
domingo, 14 de julio de 2013
Terapia de grupo didáctica
"Señor, dame la serenidad de
aceptar
las cosas que no puedo cambiar;
valor para cambiar las cosas que puedo;
y sabiduría para conocer la
diferencia."
Vamos
a sentarnos en círculo así nos vemos las caras un poco. Mmm, bien,
ahora verán lo que tengo entre las manos, ¿sí?, un tucán de
cerámica... es un adornito, ¿sí? Bien, este tucán es simbólico,
y nos servirá para la actividad de hoy, ¿sí? Bien... la persona
que tenga el tucán en la mano es la que tiene la palabra, es decir,
la tenencia del tucán nos dará el permiso para hablar y manifestar
aquello que necesitemos, y si tenemos que decírselo a alguien aquí
presente, miramos a la persona y expresamos eso que nos inquieta.
Ahora bien, como yo tengo el tucán en la mano y necesito decir algo,
voy a hablar primero, y te voy a mirar directamente a vos y te lo voy
a decir, ¿sí? Bien, te quiero explicar una cosa importante que tal
vez no sepas: no todo lo que una mujer dice es un planteo o un
sermón, ¿sí? A ver, no todo aquello que una expresa es una prédica
obcecada con el fin de destruirte. Por ejemplo, si te pregunto un
jueves si te parece que el sábado vayamos a X lugar, no te estoy
haciendo un planteo... ¿comprendés? Es sólo una pregunta, no te
estoy coartando la libertad, ni organizando tu vida, ni decidiendo
por vos, ni ninguna de esas cosas. Yo, sujeto A, te hago una pregunta
a vos, sujeto B. ¿Sí? Y vos podés contestarla con un sí o con un
no. Una pregunta que busca respuesta concreta no es un planteo
profundo sobre nada que deba preocuparte. Si yo te pregunto por qué
te enojaste ante tal o cual comentario, y te explico que lo
entendiste mal, que fue un malentendido, eso es una explicación, no
un sermón, ¿sí? No es motivo para que comiences a hiperventilar, y
a experimentar una taquicardia que anuncia un ACV prematuro. ¿Sí? O
si te pido que dejes la toalla mojada sobre otro lado que no sea la
cama, otro lado, ni siquiera te reduzco las posibilidades a una, sólo
te solicito que no la dejes en un lugar, que podés dejarla en otros
siete lugares pero no en ése; dicho pedido no es un sermón, no es
la castración de tu masculinidad, ni un juego de roles donde yo
emulo a tu madre y vos tenés una regresión a tu traumada
adolescencia, ¿sí? Yo te explico esto, primero porque tengo el
tucán en la mano, y segundo porque me tiene un poco seca que siempre
ante cualquier comentario vos tengas que bufar como si te estuviera
tocando el timbre y trayendo la palabra de Jehová. Si vos tenés
una capacidad de resolución limitada, no es problema mío, ¿sí?,
si todo lo que te requiere una decisión básica básica te pone los
cimientos del cerebro en conmoción, fijate, hacete ver, te lo digo
con el tucán en la mano, ¿sí? Yo entiendo que hay minas que te
perforan el cerebro hablando, que responden por vos cuando alguien te
pregunta algo, que te eligen la ropa que tenés que vestir. Sin
embargo, ése no es mi caso, ¿sí? Porque pasa lo siguiente, tu
acotado espacio para la conversación de ciertas cuestiones luego
hace que te sorprendas cuando yo agarro mis cosas y me mando a mudar.
Cuando pego el portazo vos me maldecís, y te convencés de que “de
un día para el otro, sin avisarte” te dejé, con el corazón roto.
Si te hubieras molestado en bufar menos e interactuar un poco más,
tal vez este tucán que tengo ahora en la mano se lo podría haber
cedido al adicto al crack que tenés sentado al lado, quien
seguramente lo necesita de verdad.
martes, 9 de julio de 2013
Rotas cadenas
Sabio diccionario dice:
Patria. n.f. 1. Nación propia, con la suma de cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras que cautivan la amorosa adhesión de los patriotas. // 2. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado
el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
Patriota. n. m. y f. Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.
Nación. 1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. // 3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. // 4. n. f. Comunidad humana caracterizada por la conciencia de su identidad histórica o cultural, y generalmente por la unidad lingüística.
Obsérvense las expresiones "suma", "pasadas, presentes y futuras", "amorosa adhesión", "adoptiva", "vínculo afectivo", "procura todo su bien", "conjunto", "tradición común", "comunidad". Nos estamos olvidando de estos términos, y nos están ayudando a olvidarlos cada día más. Cuando arremete la confusión, es bueno abrir el diccionario e ir a la fuente más primaria para desde allí comenzar a significar...
La rebelde. Palo y la Hermandad
(clic en el título, leer con su
música, si no pierde su encanto)
música, si no pierde su encanto)
Selva de la luna
se hace presente en invierno.
En la pampa viene el sueño marchando.
El desfile de la estela de los muertos.
El inglés es la ley
duerme ya el burgués.
Una vez cuna de cielos abiertos.
Hoy huella de muerte sin sentido
y sin honor del asesino.
Canto de la pampa envenenada
de la pampa mansillada del dolor y la pasión
austera y europea.
Esa especie tan colgada
de los huevos de la corona británica.
Y el campo cuidador de las estrellas
ahogado con la furia de su voz.
Mirando para atrás
veo caminos negros sobre el mar.
El inglés es la ley
duerme ya el burgués.
lunes, 3 de junio de 2013
Guarida australiana
Hay algo con los buzos
y camperas canguro con capucha en los hombres. No sé qué es, pero
definitivamente hay algo que me hechiza. Pueden ser grises, azules,
negros... todos provocan el mismo efecto. Hay algo en tu buzo canguro
con capucha que me induce a la más perversa intimidad. La de
ovillarme toda y quedarme para siempre ahí dentro con vos. Entre la
tela suave y ese latido que me llama a la calma.
jueves, 28 de marzo de 2013
Segundas lecturas
No se puede obturar el pasado.
Todo grifo clausurado
continúa goteando
la sombra de sus gotas.
El pasado gotea.
Hace unos días releí Poesía vertical de Roberto Juarroz y recordé la primera vez que uno de sus libros vino a dar conmigo. Recuerdo que en aquella ocasión el poema citado aquí arriba me retumbó fuerte. Un verso en particular tuvo eco en mi mente durante años: “el pasado gotea... el pasado gotea... el pasado gotea...” Era tremendo. Nunca nadie jamás había sintetizado algo tan mío en una imagen tan exacta. Tan justa. Lo cierto es que los días pasaron y la vida fue desplegándose, y los cambios se sucedieron sin pedir permiso. Lo cierto es que cinco años después agarro el mismo libro y ese ya no es el poema capaz de establecer un diálogo conmigo. Ya no me habla. Ya no encuentra una aliada en mí. Sin embargo, existe otro que hace exactamente cinco años atrás pasaba desapercibido, uno que tuvo perfil bajo, del que no fui digna. Ese mismo es quien ahora se me brinda. Hoy es ese, como será uno distinto dentro de otros cinco años. Es muy curiosa la manera en que los textos van cobrando sentido a medida que pasa el tiempo. Cómo lo mismo puede representar algo tan distinto, de qué manera las palabras leídas tiempo atrás ya no pesan tanto, dejándoles espacio a otras que en aquel momento pasaban inadvertidas. Esto no descubre nada nuevo, bien sabido es que la vida y el tiempo van tiñendo las lecturas, nos van regalando nuevas imágenes en espejos ya contemplados, y es esa pequeña diferencia la que evidencia el cambio que alguna vez tanto resistimos.
Cuando se ha puesto una vez el pie del otro ladoy se puede sin embargo volver,ya nunca más se pisará como antesy poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.Es el aprendizajeque se convierte en lo aprendido,el pleno aprendizajeque después no se resignaa que todo lo demás,sobre todo el amor,no haga lo mismo.El otro lado es el mayor contagio.Hasta los mismos ojos cambian de colory adquieren el tono transparente de las fábulas.
viernes, 1 de marzo de 2013
Say no more
Cuando no hay mucho para decir, mejor esperar a nuevos tiempos. Que las palabras broten y se abran paso en estampida. Bienvenidos los retiros y los llamados a silencio. A veces es lo acertado. Aprender a callar no es fácil, pero cuando se logra ese silencio se llena de sentido.
lunes, 27 de agosto de 2012
Artefacto

jueves, 16 de agosto de 2012
Presagio prêt-à-porter
Él
luce unos chupines de jean, un poco gastados (sólo un poco), remera
rayada de diseño levemente inclinada hacia un hombro, y una
camperita tipo canguro que tiene la medida exacta para dejar entrever
el cinto con tachas. En la mano lleva una bolsa de tela floreada con
carpetas en su interior. Zapatillas rojas y un peinado desmechadé;
cierran la estampa unos lentes con marco rojo, muy anchos y grandotes
(que por supuesto dialogan con las zapas). Luego la cruzo a ella,
pantalón de esos cagados, estilo de trabajo Ombú, camisa escocesa,
debajo remera amarilla inconseguible, arriba de todo eso, campera de
cuero bordó re top, zapas ramoneras ultracaras, bandolera de cuero de color
verde estridente, peinado despeinado que le llevó 5 horas lograr,
lleno de invisibles, uñas de color flúo, y una bufanda de 15
kilómetros; también usa lentes con marco carey, cuadrados y como
para el tamaño de la cabeza de Hulk. Después viene hacia mí,
caminando, un muchacho reloco, pantalón a cuadritos verdes y
violetas, camisa de jean, arriba saco de lanita marrón caca, pañuelo
con lunares negros, y una mochi de esas estilo skater. Obvio que usa
lentes, y un reloj amarillo de plástico re grandote, y pisa unas
alpargatas cuadriculadas blancas y negras. El pelo, con un corte muy
moderno. Ante tamaña visión, ya me doy cuenta de lo que vendrá. ¿Dónde estoy señores? ¿Saben dónde? Próxima a pasar
por una sede de la UP. Y no me refiero a la unión peronista, no.
Ahora, bien. ¿Se dan cuenta de que hay gente que gasta una hora
cuarenta en arreglarse con dedicación para aparentar que no le da ni
cinco de importancia a la estética? Loco, ¿no?
miércoles, 27 de junio de 2012
Parada, chofer
Muchas
son las maneras que uno tiene de clasificar a la gente, lo revelador
es encontrar una nueva. Hoy descubrí algo interesante al respecto:
teniendo en cuenta a todas las personas existentes pueden trazarse
dos patrones relacionados con el transporte público. Existen
quienes, al subir a un colectivo, subte o tren vacíos y a pesar de
que su trayecto implique pocas cuadras o estaciones, ocupan un
asiento sin más consideraciones. Se sientan, se apropian de su lugar
sin importar que ese estado dure cinco minutos. Hay otros que en la
misma situación permanecemos de pie y cedemos las butacas a quienes
emprendan recorridos más prolongados, con la errada idea de “para
qué si ya me bajo”. Y aquí viene el hallazgo: los primeros son
los que entendieron el mundo al dedillo y quienes están destinados a
la felicidad; los segundos aún estamos intentando poder –algún
día–
dar el paso sin importar lo que dure el viaje.
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