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lunes, 10 de febrero de 2014

Lenon

Era de noche en el barrio. Habíamos terminado de comer y yo de llorar por otra pena amorosa. De repente, algo trepó a la ventana y se quedó mirándonos. Los tres nos sorprendimos. Era pequeño y gris y nos miraba un montón. Bajé la persiana, apagué las luces, creyendo que volvería a su casa. Me equivocaba, porque comenzó a maullar avisando que no tenía una casa adonde regresar. Por fin salí y vino corriendo. Me agaché y se me arrimó a los pies, ronroneando como nunca escuché. Era precioso. Pero precioso de verdad. Era chiquito aunque no bebé. Yo miré a mis dos cómplices y la menos amante de los gatos me devolvió una mirada que lo decía todo. Hasta a ella la había comprado. El resto no sé si importa describirlo. Lo custodié hasta el día siguiente. Enfrentó al perro de la casa como si fuera un león africano. Por fin la menos amante de los gatos vino a buscarlo con su marido para darle un hogar al que sí poder regresar. Al minino le costó adaptarse, porque no sabía controlar el amor, los mimos, dos perros nuevos y otros tantos gatos. Con el tiempo todo se armonizó. Sólo hizo falta paciencia y amor. Por eso, hoy reafirmo mi creencia de que las mascotas no deberían morir. Nunca. Ni en la realidad ni en la ficción. Simplemente debería suceder otra cosa, no sé muy bien qué. Tal vez la eternidad.

jueves, 23 de enero de 2014

Eureka

No es una palabra mágica. No es la política. No es la religión. Ni la vida en Marte. Tampoco la filosofía. O la matemática. No es la física, ni la química. No es el verbo. Ni siquiera la verdad. No es el ciberespacio. Ni la teoría del secreto. No es google. No son las abstracciones. Ni las grandes ideas. O pagar con débito. No son los presagios. Tampoco la astrología. No es la paz, ni la guerra nuclear. No es empezar de nuevo. No es ni remotamente un estallido. Tampoco las catástrofes naturales. No el avance tecnológico. No es la ciencia. Ni la fe. No los vicios. Tampoco el sexo. O los implantes cyborgs. No es el cine, ni sus estrellas. No es la meditación. Ni el reciclado. No es la pintura. Me atrevo a reconocer que ni siquiera la literatura. Nada por el estilo. Lo único capaz de salvarnos es la música. Sí. Sólo eso. La música.

martes, 27 de agosto de 2013

Teoría y práctica

Harald Weinrich escribió sobre los tiempos de la narración y del comentario. Distinguió qué tiempos verbales se utilizan en el discurso cotidiano (mundo comentado) y cuáles en el ficcional (mundo narrado). Dentro de la narración exponía la diferencia entre el Pretérito Imperfecto (cantaba) y el Pretérito Perfecto Simple (cantó). Observaba que el primero era un tiempo que servía como decorado, para enmarcar las situaciones principales (Los pájaros cantaban sobre las ramas, y la fronda tocaba una música como de anís), y el segundo representaba el tiempo de los hechos puntuales y principales, del primer plano, aquellos que hacían que la historia se desarrollara, siguiera, se activara (De repente, algo se vislumbró en el cielo, todo se quedó quieto y esperó). Hoy recordé toda esta teoría, cuando intenté encontrar un paralelo de lo que sucede cuando algo se termina. Los finales nunca son fáciles, para nadie supongo. Y hoy palpé el final, y tiene la textura de cuando vos y yo ya nos hablamos como le hablaríamos a cualquiera, cuando en nuestra mirada no vemos nada propio, cuando dejamos de ser únicos. El final es el final cuando ese otro que siempre apareció en colores, ahora se funde en el blanco y negro de la masa amorfa del resto. Cuando ya es uno más, como cualquier otro. Recién hoy pude reconocer que dejamos de estar en pretérito perfecto simple, dejamos de ser el motor que hacía avanzar la historia, para convertirnos indefectiblemente en un pretérito imperfecto, ese telón de fondo que se va fundiendo con el pasado.

domingo, 14 de julio de 2013

Terapia de grupo didáctica

"Señor, dame la serenidad de aceptar
las cosas que no puedo cambiar;
valor para cambiar las cosas que puedo;
y sabiduría para conocer la diferencia." 

Vamos a sentarnos en círculo así nos vemos las caras un poco. Mmm, bien, ahora verán lo que tengo entre las manos, ¿sí?, un tucán de cerámica... es un adornito, ¿sí? Bien, este tucán es simbólico, y nos servirá para la actividad de hoy, ¿sí? Bien... la persona que tenga el tucán en la mano es la que tiene la palabra, es decir, la tenencia del tucán nos dará el permiso para hablar y manifestar aquello que necesitemos, y si tenemos que decírselo a alguien aquí presente, miramos a la persona y expresamos eso que nos inquieta. Ahora bien, como yo tengo el tucán en la mano y necesito decir algo, voy a hablar primero, y te voy a mirar directamente a vos y te lo voy a decir, ¿sí? Bien, te quiero explicar una cosa importante que tal vez no sepas: no todo lo que una mujer dice es un planteo o un sermón, ¿sí? A ver, no todo aquello que una expresa es una prédica obcecada con el fin de destruirte. Por ejemplo, si te pregunto un jueves si te parece que el sábado vayamos a X lugar, no te estoy haciendo un planteo... ¿comprendés? Es sólo una pregunta, no te estoy coartando la libertad, ni organizando tu vida, ni decidiendo por vos, ni ninguna de esas cosas. Yo, sujeto A, te hago una pregunta a vos, sujeto B. ¿Sí? Y vos podés contestarla con un sí o con un no. Una pregunta que busca respuesta concreta no es un planteo profundo sobre nada que deba preocuparte. Si yo te pregunto por qué te enojaste ante tal o cual comentario, y te explico que lo entendiste mal, que fue un malentendido, eso es una explicación, no un sermón, ¿sí? No es motivo para que comiences a hiperventilar, y a experimentar una taquicardia que anuncia un ACV prematuro. ¿Sí? O si te pido que dejes la toalla mojada sobre otro lado que no sea la cama, otro lado, ni siquiera te reduzco las posibilidades a una, sólo te solicito que no la dejes en un lugar, que podés dejarla en otros siete lugares pero no en ése; dicho pedido no es un sermón, no es la castración de tu masculinidad, ni un juego de roles donde yo emulo a tu madre y vos tenés una regresión a tu traumada adolescencia, ¿sí? Yo te explico esto, primero porque tengo el tucán en la mano, y segundo porque me tiene un poco seca que siempre ante cualquier comentario vos tengas que bufar como si te estuviera tocando el timbre y trayendo la palabra de Jehová. Si vos tenés una capacidad de resolución limitada, no es problema mío, ¿sí?, si todo lo que te requiere una decisión básica básica te pone los cimientos del cerebro en conmoción, fijate, hacete ver, te lo digo con el tucán en la mano, ¿sí? Yo entiendo que hay minas que te perforan el cerebro hablando, que responden por vos cuando alguien te pregunta algo, que te eligen la ropa que tenés que vestir. Sin embargo, ése no es mi caso, ¿sí? Porque pasa lo siguiente, tu acotado espacio para la conversación de ciertas cuestiones luego hace que te sorprendas cuando yo agarro mis cosas y me mando a mudar. Cuando pego el portazo vos me maldecís, y te convencés de que “de un día para el otro, sin avisarte” te dejé, con el corazón roto. Si te hubieras molestado en bufar menos e interactuar un poco más, tal vez este tucán que tengo ahora en la mano se lo podría haber cedido al adicto al crack que tenés sentado al lado, quien seguramente lo necesita de verdad.

martes, 9 de julio de 2013

Rotas cadenas

Sabio diccionario dice:
Patria. n.f. 1. Nación propia, con la suma de cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras que cautivan la amorosa adhesión de los patriotas. // 2. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
Patriota. n. m. y f. Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien. 
Nación. 1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. // 3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. // 4. n. f. Comunidad humana caracterizada por la conciencia de su identidad histórica o cultural, y generalmente por la unidad lingüística.
  
Obsérvense las expresiones "suma", "pasadas, presentes y futuras", "amorosa adhesión", "adoptiva", "vínculo afectivo", "procura todo su bien", "conjunto", "tradición común", "comunidad". Nos estamos olvidando de estos términos, y nos están ayudando a olvidarlos cada día más. Cuando arremete la confusión, es bueno abrir el diccionario e ir a la fuente más primaria para desde allí comenzar a significar...


La rebelde. Palo y la Hermandad
(clic en el título, leer con su 
música, si no pierde su encanto)

Selva de la luna
se hace presente en invierno.
En la pampa viene el sueño marchando.
El desfile de la estela de los muertos.

El inglés es la ley
duerme ya el burgués.

Una vez cuna de cielos abiertos.
Hoy huella de muerte sin sentido
y sin honor del asesino.
Canto de la pampa envenenada
de la pampa mansillada del dolor y la pasión
austera y europea.

Esa especie tan colgada 
de los huevos de la corona británica.

Y el campo cuidador de las estrellas
ahogado con la furia de su voz.
Mirando para atrás
veo caminos negros sobre el mar.

El inglés es la ley 
duerme ya el burgués.

lunes, 3 de junio de 2013

Guarida australiana

Hay algo con los buzos y camperas canguro con capucha en los hombres. No sé qué es, pero definitivamente hay algo que me hechiza. Pueden ser grises, azules, negros... todos provocan el mismo efecto. Hay algo en tu buzo canguro con capucha que me induce a la más perversa intimidad. La de ovillarme toda y quedarme para siempre ahí dentro con vos. Entre la tela suave y ese latido que me llama a la calma.

jueves, 28 de marzo de 2013

Segundas lecturas

No se puede obturar el pasado.
Todo grifo clausurado
continúa goteando
la sombra de sus gotas.
El pasado gotea.

Hace unos días releí Poesía vertical de Roberto Juarroz y recordé la primera vez que uno de sus libros vino a dar conmigo. Recuerdo que en aquella ocasión el poema citado aquí arriba me retumbó fuerte. Un verso en particular tuvo eco en mi mente durante años: “el pasado gotea... el pasado gotea... el pasado gotea...” Era tremendo. Nunca nadie jamás había sintetizado algo tan mío en una imagen tan exacta. Tan justa. Lo cierto es que los días pasaron y la vida fue desplegándose, y los cambios se sucedieron sin pedir permiso. Lo cierto es que cinco años después agarro el mismo libro y ese ya no es el poema capaz de establecer un diálogo conmigo. Ya no me habla. Ya no encuentra una aliada en mí. Sin embargo, existe otro que hace exactamente cinco años atrás pasaba desapercibido, uno que tuvo perfil bajo, del que no fui digna. Ese mismo es quien ahora se me brinda. Hoy es ese, como será uno distinto dentro de otros cinco años. Es muy curiosa la manera en que los textos van cobrando sentido a medida que pasa el tiempo. Cómo lo mismo puede representar algo tan distinto, de qué manera las palabras leídas tiempo atrás ya no pesan tanto, dejándoles espacio a otras que en aquel momento pasaban inadvertidas. Esto no descubre nada nuevo, bien sabido es que la vida y el tiempo van tiñendo las lecturas, nos van regalando nuevas imágenes en espejos ya contemplados, y es esa pequeña diferencia la que evidencia el cambio que alguna vez tanto resistimos.

7
Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado
y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.
Es el aprendizaje
que se convierte en lo aprendido,
el pleno aprendizaje
que después no se resigna
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.
El otro lado es el mayor contagio.
Hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.

viernes, 1 de marzo de 2013

Say no more

Cuando no hay mucho para decir, mejor esperar a nuevos tiempos. Que las palabras broten y se abran paso en estampida. Bienvenidos los retiros y los llamados a silencio. A veces es lo acertado. Aprender a callar no es fácil, pero cuando se logra ese silencio se llena de sentido.

lunes, 27 de agosto de 2012

Artefacto

A mi entender, el avance tecnológico venía a mejorar y facilitar cuestiones que antaño (o no tanto) resultaban engorrosas e incómodas. De allí que el teléfono celular fuera además de la puerta de ingreso a la constante y eterna conectividad, la salvación a miles de cables, fichas de entrada y salida. Bien, hace un tiempo comprobé hasta dónde llega la pulsión pro consumo. Ahora no sólo hay que poseer el último modelo de celular: ancho, con botonitos ocultos, pantalla táctil, doble airbag, antideslizante y ultrasec. Ahora, además, las chicas tech le incorporan al miniaparato un tubo de colores estilo Entel, para hablar más cómodas. Sí, como leen. En la carterita, junto con el iPhone, iPad, iGarch, iChot, el celu se guarda al lado de un tubo de teléfono tamaño 1990. Pero, clá... yo no entiendo nada. No son tubos tipo Entel, desubicada. Son flúo, animal print, trendy, retroiluminados. Pregunto, ¿qué sigue? ¿Un winco con aplicación Apple? Qué paradoja: el futuro que trae lo nuevo es la clave, pero las cosas no paran de volver del pasado.

jueves, 16 de agosto de 2012

Presagio prêt-à-porter

Él luce unos chupines de jean, un poco gastados (sólo un poco), remera rayada de diseño levemente inclinada hacia un hombro, y una camperita tipo canguro que tiene la medida exacta para dejar entrever el cinto con tachas. En la mano lleva una bolsa de tela floreada con carpetas en su interior. Zapatillas rojas y un peinado desmechadé; cierran la estampa unos lentes con marco rojo, muy anchos y grandotes (que por supuesto dialogan con las zapas). Luego la cruzo a ella, pantalón de esos cagados, estilo de trabajo Ombú, camisa escocesa, debajo remera amarilla inconseguible, arriba de todo eso, campera de cuero bordó re top, zapas ramoneras ultracaras, bandolera de cuero de color verde estridente, peinado despeinado que le llevó 5 horas lograr, lleno de invisibles, uñas de color flúo, y una bufanda de 15 kilómetros; también usa lentes con marco carey, cuadrados y como para el tamaño de la cabeza de Hulk. Después viene hacia mí, caminando, un muchacho reloco, pantalón a cuadritos verdes y violetas, camisa de jean, arriba saco de lanita marrón caca, pañuelo con lunares negros, y una mochi de esas estilo skater. Obvio que usa lentes, y un reloj amarillo de plástico re grandote, y pisa unas alpargatas cuadriculadas blancas y negras. El pelo, con un corte muy moderno. Ante tamaña visión, ya me doy cuenta de lo que vendrá. ¿Dónde estoy señores? ¿Saben dónde? Próxima a pasar por una sede de la UP. Y no me refiero a la unión peronista, no. Ahora, bien. ¿Se dan cuenta de que hay gente que gasta una hora cuarenta en arreglarse con dedicación para aparentar que no le da ni cinco de importancia a la estética? Loco, ¿no?

miércoles, 27 de junio de 2012

Parada, chofer

Muchas son las maneras que uno tiene de clasificar a la gente, lo revelador es encontrar una nueva. Hoy descubrí algo interesante al respecto: teniendo en cuenta a todas las personas existentes pueden trazarse dos patrones relacionados con el transporte público. Existen quienes, al subir a un colectivo, subte o tren vacíos y a pesar de que su trayecto implique pocas cuadras o estaciones, ocupan un asiento sin más consideraciones. Se sientan, se apropian de su lugar sin importar que ese estado dure cinco minutos. Hay otros que en la misma situación permanecemos de pie y cedemos las butacas a quienes emprendan recorridos más prolongados, con la errada idea de “para qué si ya me bajo”. Y aquí viene el hallazgo: los primeros son los que entendieron el mundo al dedillo y quienes están destinados a la felicidad; los segundos aún estamos intentando poder algún día dar el paso sin importar lo que dure el viaje.