Es claro
que si ponele que vos, chica de treintilargos, en lugar de escuchar
una clase, intervenir, procesar la información y relacionar lo que
se está diciendo con los autores que se están estudiando, agarrás
y de repente dibujás caricaturas infantiloides y las mostrás de
reojo y te desarmás de la risa por la ridiculez que acabás de
esbozar. O, de repente, en lugar de estar presente en cuerpo y mente
en una clase donde se están exponiendo conceptos híper interesantes
de cara a una tesis para alcanzar un título no ya de grado sino que
está por encima del mismo, ponele que vos preferís leer un pastiche
pseudocómico y comentarlo a partir de cuchicheos adolescentes...
vuelvo, es obvio, que si tenés esa clase de seriedad ante la
formación académica que estás eligiendo por tu voluntad, me vas a
decir ante un texto que analiza el arte pop a partir de la figura de
Andy Warhol lo siguiente: “sho busqué las obras que menciona el
autor, pero claro nada que ver a lo que pensaba... cuando leí arte
pop sho me imaginé en seguida que se refería a Christina
Aguilera o a Jennifer López... pero no, resulta que hablaba de Andy
Warlas, y sho no lo conocía, parece que hacía arte con cosas
reales, latas de tomate y esas cosas...”.
Andy
Warlas.
Latas
de tomate.
Jennifer
López.
Y
esas cosas.
¿Alguien
considera que debo agregar algo más?
