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jueves, 26 de diciembre de 2013
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Olfato
Es
algo así como una leve punción en el espacio entre el estómago y
el corazón. Digamos un chiquito más abajo que el plexo solar. Ahí
justo se siente un tironcito. Éste se conecta directamente con el
cerebro y esa combinación dispara la alarma de la experiencia. Tanta
vuelta para plantear que hoy no sé si es bueno o malo este tema de
saber lo que se avecina. Existen ciertas situaciones nuevas, frescas
e inmaculadas que, pasado un tiempito, ya empiezan a emanar señales
de déjà vu. Ahí comienza la
sensación amarga, esa que decide socavar desde el punto mencionado y
va tomando todo el espíritu. Esa precisa seguridad de que esto
también va rumbo a eso. Esa eterna película que se repite. Sí, es
así... va a pasar eso... otra vez... así es... vuelve a repetirse
como el día de la marmota... Tu terquedad y pensamiento mágico
tratan de no doblegarse. Siguen insistiendo con que no, que te
equivocás, que esta vez será diferente. Pero tu yo lee la sensación
clara del plexo y sabe que ahí está la verdad. Sí, definitivamente
va volver a pasar, tiene todas las señales que ya conocés, los
contornos ya vistos, los vacíos inconfundibles.
Sí, indefectiblemente. Esto
también va rumbo a eso.
martes, 27 de agosto de 2013
Teoría y práctica
Harald
Weinrich escribió sobre los tiempos de la narración y del
comentario. Distinguió qué tiempos verbales se utilizan en el
discurso cotidiano (mundo comentado) y cuáles en el ficcional (mundo
narrado). Dentro de la narración exponía la diferencia entre el
Pretérito Imperfecto (cantaba) y el Pretérito Perfecto Simple
(cantó). Observaba que el primero era un tiempo que servía como
decorado, para enmarcar las situaciones principales (Los pájaros
cantaban sobre las ramas, y la fronda tocaba una música como de
anís), y el segundo representaba el tiempo de los hechos puntuales y
principales, del primer plano, aquellos que hacían que la historia se desarrollara,
siguiera, se activara (De repente, algo se vislumbró en el cielo,
todo se quedó quieto y esperó). Hoy recordé toda esta teoría,
cuando intenté encontrar un paralelo de lo que sucede cuando algo se
termina. Los finales nunca son fáciles, para nadie supongo. Y hoy
palpé el final, y tiene la textura de cuando vos y yo ya nos hablamos como le
hablaríamos a cualquiera, cuando en nuestra mirada no vemos nada propio,
cuando dejamos de ser únicos. El final es el final cuando ese
otro que siempre apareció en colores, ahora se funde en el blanco y
negro de la masa amorfa del resto. Cuando ya es uno más, como
cualquier otro. Recién hoy pude reconocer que dejamos de estar en
pretérito perfecto simple, dejamos de ser el motor que hacía
avanzar la historia, para convertirnos indefectiblemente en un
pretérito imperfecto, ese telón de fondo que se va fundiendo con el
pasado.
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