Qué
bueno es volver, qué bien se siente. Pero no volver con el rabo
entre las piernas. Volver cabizbaja. Volver masticando odio. O
altanera y superada. Volver abatida, buscando la trinchera a prueba
de vida o la frazada para esconderse a llorar. No. Qué bien se
siente volver después de la incertidumbre, luego de no reconocerse,
de mirarse de reojo, extrañada. Volver después del fastidio, del
llanto por razón ninguna. Se siente bien haber vuelto. Después de
masticar veneno y de elegir callar. Luego de haber pisado con cuidado
y de haber encarado los días de la manera más autómata posible. O
de haber dejado que el perfil bajo camine por una. Después de no
haber tenido nada que decir. Ni de empacharse con distracciones.
Después de la culpa. De la inercia. Qué bueno es volver. Luego de
haberse cargado el cuerpo a la espalda y haberlo obligado a atravesar
el último tramo del calendario. Qué bueno es estar de vuelta. Con
cambios, sí, con bocetos abollados y líneas borroneadas, con
tachones y emparches. Pero una al fin. La que se había perdido en el
camino vaya a saber cuándo. La de ahora. Una al fin. Aunque nunca la
definitiva. Qué bueno es volver. Qué caprichoso el camino de
vuelta. Apelando a la templanza. Alejando la ansiedad. Teniéndose
paciencia. Ocupando el primer lugar. Qué bueno es estar de vuelta.
Ya no igual. Sin saber muy bien demasiado qué. Ni no qué. Sabiendo
lo indispensable como para haber vuelto. Mientras escribo, escucho
ruidos detrás. Miro y veo a la gata luchando con la bandita elástica
que se le fue debajo de la heladera. Me río. Y me digo qué bueno es
estar de vuelta.
viernes, 28 de diciembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
Atravesando el tiempo
"Te juro por los huesos de mi madre y de mi padre
que seguiré a tu lado, vida, hasta la oscuridad final".
Propercio. Libro II, elegía 20
"Y si el mundo se acaba
yo solo me quiero morir a tu lado".
yo solo me quiero morir a tu lado".
Vicentico. Morir a tu lado
"Te juro que si al hombre, le hubieran dado alas
iría al fin del mundo, solo con vos".
iría al fin del mundo, solo con vos".
Las Pelotas. Cuántas cosas
"Encienden todas las luces,
y bailemos hasta que alguien cierre el lugar"
Catupecu Machu. Musas
Distantes en el tiempo, cuatro maneras simples de decir algo tan inmenso.
jueves, 15 de noviembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
Drácula
Cada
noche se repite la escena. Y ahora que hace calor y el ventanal queda
abierto parece aún más romántica. Ella se sienta y mira a la
distancia. De espaldas a mí, sus orejas me advierten que lo está
escuchando. Un movimiento de cabeza fugaz... y lo ve. Por fin lo ve.
Pero es tan veloz que sus gestos demuestran confusión. Sí, el
chillido se escucha, y esa silueta oscura y urgente pasa de un
lado hacia otro. Supongo que se preguntará por qué no es como
los de día, que pasan suspendidos en el aire pero se dejan ver
mejor. Noto que se le acelera la respiración cada noche, al asomarse
al ventanal. Es como un encuentro amoroso a la distancia. Mira. Mueve
la cabeza para un costado. Acomoda las patas delanteras en el lugar
como impaciente. El chillido. La fugacidad. De repente, corre debajo
de la cama. Se afila las uñas en una de sus patas. Se sube y me mira como diciendo otra vez se fue lejos. Yo le devuelvo la
mirada: ya lo sé.
sábado, 27 de octubre de 2012
sábado, 20 de octubre de 2012
No seré feliz...
Si
hay alguien que me parece carente de todo talento esa es Linda
Peretz, sin embargo, me veo forzada a citarla en el título dado que
días atrás pude renovar los votos de una verdad casi absoluta. Una
vez más comprobé que, mientras se tiene a alguien al lado, no
importa cuán feliz se es. No hace mucho fui concurrente a una
reunión cuasifamiliar. Y, claro, siempre hay una amiga de la familia
lo suficientemente argolluda para regodearse con nuestra soltería.
Apenas asomo en el recinto, botella de tinto en mano para colaborar,
Argolluda me aborda, toda glamorosa, al grito de ay! mirá tanto
tiempo!!! cómo estás lindura!!! Yo me veo sometida al abrazo de
Argolluda y lo único que puedo pensar es la concha de su hermana.
Argolluda siempre me pareció el prototipo de mina que con el tiempo
aprendí a detestar. Básica básica. Noviazgo, casamiento, la casa,
el perro, el auto, la nena, el nene, el terrenito en MDQ y una
inagotable fuente de aburrimiento en el clítoris. Y no es por la
enumeración de logros que la detesto, sino por la falsedad que en
ello se esconde. Argolluda me besa, me aparta tomándome de ambos
brazos, yo tengo la actitud de un asco políticamente correcto, y me
dice qué hacés nena cómo van tus cosas, seguís viviendo allá
lejos de todo. Yo me limito a mirarla con una sonrisa muy forzada:
Todo bien... Ella, con el megáfono incorporado: “Mirá quién
llegó, amor?”. Amor es un señor bien, de doble apellido, al que
ya le penden lisos los testículos por los gritos de Argolluda ante
cada nuevo invitado. Argolluda insiste: Qué linda estás! Decime una
cosa... vení acá, cuándo vas a traer un novio vos. Qué está
pasando? Tan difícil sos? (No, lo que pasa es que soy de flujo
fuerte, pedazo de boluda) Ya vas a encontrar a alguien, me consuela
Argolluda. Y ahí mismo se detiene mi radar. Argolluda siente la
necesidad de consolarme, de darme ánimos, de asegurarme que no me
preocupe que ya me va a tocar a mí encontrar un Amor mirá quién
vino. Ahora, yo razono lo siguiente tratando de no desquiciarme: esta
mujer se siente en el deber de darme esperanzas, creyendo que lo que
me hace falta es todo lo que ella tiene. Ahora bien, si descorremos
un poco el telón, bueno es saber que: su Amor de doble apellido no
la miró en toda la reunión, es más, la única que hizo algo para
arrimársele y robarle un beso comisura-labio fue Argolluda. Era
notorio que Amor doble apellido cuanto más lejos la tuviera, mejor;
si yo no supiera que se casaron hace un rato largo ya, creería que
nada tienen que ver entre sí. Amor doble apellido no le dirigió la
palabra ni la hizo partícipe de ningún comentario. Argolluda ante
cada pavada que enunciaba, coreaba: ¿No, amor? Argolluda, en uno de
sus perfiles de red social se describe: Plenamente
casada con Amor doble apellido,
mientras exhibe una foto de los dos, sonriendo. Amor doble apellido,
en su perfil de red social tiene la foto de él cuando era pequeño y
no la nombra en ningún lado, sólo menciona a su equipo de fútbol.
Argolluda plenamente casada ignora (y en eso tengo serias dudas) que
no hace mucho, Amor doble apellido estuvo tratando de levantarse a su
compañerita de laburo, que -dicho sea de paso- yo conozco. Pero,
claaarooo, todo eso no importa porque Argolluda está casada
(plenamente), vive en un hogar de dos pisos con un marido, dos hijos
y un caniche. Tiene una cadenita con dos dijes de niñitos (el nene y
la nena). Tiene un auto cuyo vidrio trasero muestra el calco de la
familia de mayor a menor, el papá con el chorizo ensartado en un
tenedor, la mamá muy canchera con una canastita, la nena con moño y
el nene con pelota, ah, y un perrito también. Tiene “casada” en
el perfil del face, y muchas fotos de cumpleaños en familia y
vacaciones. También tiene cenas en parejas, muchos obsequios de
aniversarios y solicitudes completadas con el rótulo “casada”.
Tiene un anillo y frases como “debo consultarlo con mi esposo”.
También grupos de pertenencia del estilo. Y está bien, digo, seguir
la pantomima a cualquier precio, empastinar la felicidad aunque el
revoque se caiga a pedazos, ostentar la plenitud con stickers. No
obstante debo advertir que lo que no está bien, Argolluda, es creer
que todos estamos dispuestos a firmar el mismo contrato circense para
que la apariencia siga engañando.
lunes, 15 de octubre de 2012
Subjuntivo
Es como el "ma sí". Es algo como eso. Tirar la chancleta. Dejar de pensar si tal vez, qué será, a ver si todavía. No buscar la engañosa seguridad. Soltarse del borde sin que importe hacer pie. A lo sumo se flota. Dejarse caer de culo en medio de la pista de hielo. Evitar imaginar la respuesta antes de hacer la pregunta. Decir que sí. Pensar que esta vez se da. Pasarse una parada. Que se dé cuenta. Perder el control. Ser obvia. Hacerlo porque sí. Dejar el cuadro torcido. Largar la cuerda. Abandonar el libro a la mitad. Dar el salto. Asumir el riesgo. Bajar la guardia. Decir "y qué". Pisar el palito. Que sea... y que venga lo que quiera.
Y si te preguntabas
dónde estaba la suerte
después. ¿Dónde estarías,
Danos la forma
después, danos las armas
y así que sea.
La forma de la pendiente
se mueve igual que vos
si intentas saltar la
piedra mojada, te podrás caer.
Que venga lo que quiera
que sea así. Que venga lo
que quiera, que sea.
Y si te preguntabas
dónde estaba la suerte
después. ¿Dónde estarías?
Teniendo tanto miedo de
hacerlo, siempre habrá que cargar
el tonel.
el tonel.
La forma de la pendiente
se mueve igual que vos
si intentas saltar la
piedra mojada, te podrás caer.
Que venga lo que quiera
que sea así. Que venga lo
que quiera, que sea.
(clic en el título para escuchar)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)