martes, 29 de enero de 2013

Resurrección

"Parece un desierto la ciudad,
ya es hora de resucitar
mañana ya verás...
van a crecernos alas".
                             Massacre

(clic en el enlace para escuchar)

viernes, 28 de diciembre de 2012

Volver

Qué bueno es volver, qué bien se siente. Pero no volver con el rabo entre las piernas. Volver cabizbaja. Volver masticando odio. O altanera y superada. Volver abatida, buscando la trinchera a prueba de vida o la frazada para esconderse a llorar. No. Qué bien se siente volver después de la incertidumbre, luego de no reconocerse, de mirarse de reojo, extrañada. Volver después del fastidio, del llanto por razón ninguna. Se siente bien haber vuelto. Después de masticar veneno y de elegir callar. Luego de haber pisado con cuidado y de haber encarado los días de la manera más autómata posible. O de haber dejado que el perfil bajo camine por una. Después de no haber tenido nada que decir. Ni de empacharse con distracciones. Después de la culpa. De la inercia. Qué bueno es volver. Luego de haberse cargado el cuerpo a la espalda y haberlo obligado a atravesar el último tramo del calendario. Qué bueno es estar de vuelta. Con cambios, sí, con bocetos abollados y líneas borroneadas, con tachones y emparches. Pero una al fin. La que se había perdido en el camino vaya a saber cuándo. La de ahora. Una al fin. Aunque nunca la definitiva. Qué bueno es volver. Qué caprichoso el camino de vuelta. Apelando a la templanza. Alejando la ansiedad. Teniéndose paciencia. Ocupando el primer lugar. Qué bueno es estar de vuelta. Ya no igual. Sin saber muy bien demasiado qué. Ni no qué. Sabiendo lo indispensable como para haber vuelto. Mientras escribo, escucho ruidos detrás. Miro y veo a la gata luchando con la bandita elástica que se le fue debajo de la heladera. Me río. Y me digo qué bueno es estar de vuelta.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Atravesando el tiempo

"Te juro por los huesos de mi madre y de mi padre
que seguiré a tu lado, vida, hasta la oscuridad final".
                                                       Propercio. Libro II, elegía 20

"Y si el mundo se acaba
yo solo me quiero morir a tu lado".
                                                   Vicentico. Morir a tu lado
  
"Te juro que si al hombre, le hubieran dado alas
iría al fin del mundo, solo con vos".
                                                      Las Pelotas. Cuántas cosas

"Encienden todas las luces, 
y bailemos hasta que alguien cierre el lugar"
                                                Catupecu Machu.  Musas

Distantes en el tiempo, cuatro maneras simples de decir algo tan inmenso.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Drácula

Cada noche se repite la escena. Y ahora que hace calor y el ventanal queda abierto parece aún más romántica. Ella se sienta y mira a la distancia. De espaldas a mí, sus orejas me advierten que lo está escuchando. Un movimiento de cabeza fugaz... y lo ve. Por fin lo ve. Pero es tan veloz que sus gestos demuestran confusión. Sí, el chillido se escucha, y esa silueta oscura y urgente pasa de un lado hacia otro. Supongo que se preguntará por qué no es como los de día, que pasan suspendidos en el aire pero se dejan ver mejor. Noto que se le acelera la respiración cada noche, al asomarse al ventanal. Es como un encuentro amoroso a la distancia. Mira. Mueve la cabeza para un costado. Acomoda las patas delanteras en el lugar como impaciente. El chillido. La fugacidad. De repente, corre debajo de la cama. Se afila las uñas en una de sus patas. Se sube y me mira como diciendo otra vez se fue lejos. Yo le devuelvo la mirada: ya lo sé.

sábado, 20 de octubre de 2012

No seré feliz...

Si hay alguien que me parece carente de todo talento esa es Linda Peretz, sin embargo, me veo forzada a citarla en el título dado que días atrás pude renovar los votos de una verdad casi absoluta. Una vez más comprobé que, mientras se tiene a alguien al lado, no importa cuán feliz se es. No hace mucho fui concurrente a una reunión cuasifamiliar. Y, claro, siempre hay una amiga de la familia lo suficientemente argolluda para regodearse con nuestra soltería. Apenas asomo en el recinto, botella de tinto en mano para colaborar, Argolluda me aborda, toda glamorosa, al grito de ay! mirá tanto tiempo!!! cómo estás lindura!!! Yo me veo sometida al abrazo de Argolluda y lo único que puedo pensar es la concha de su hermana. Argolluda siempre me pareció el prototipo de mina que con el tiempo aprendí a detestar. Básica básica. Noviazgo, casamiento, la casa, el perro, el auto, la nena, el nene, el terrenito en MDQ y una inagotable fuente de aburrimiento en el clítoris. Y no es por la enumeración de logros que la detesto, sino por la falsedad que en ello se esconde. Argolluda me besa, me aparta tomándome de ambos brazos, yo tengo la actitud de un asco políticamente correcto, y me dice qué hacés nena cómo van tus cosas, seguís viviendo allá lejos de todo. Yo me limito a mirarla con una sonrisa muy forzada: Todo bien... Ella, con el megáfono incorporado: “Mirá quién llegó, amor?”. Amor es un señor bien, de doble apellido, al que ya le penden lisos los testículos por los gritos de Argolluda ante cada nuevo invitado. Argolluda insiste: Qué linda estás! Decime una cosa... vení acá, cuándo vas a traer un novio vos. Qué está pasando? Tan difícil sos? (No, lo que pasa es que soy de flujo fuerte, pedazo de boluda) Ya vas a encontrar a alguien, me consuela Argolluda. Y ahí mismo se detiene mi radar. Argolluda siente la necesidad de consolarme, de darme ánimos, de asegurarme que no me preocupe que ya me va a tocar a mí encontrar un Amor mirá quién vino. Ahora, yo razono lo siguiente tratando de no desquiciarme: esta mujer se siente en el deber de darme esperanzas, creyendo que lo que me hace falta es todo lo que ella tiene. Ahora bien, si descorremos un poco el telón, bueno es saber que: su Amor de doble apellido no la miró en toda la reunión, es más, la única que hizo algo para arrimársele y robarle un beso comisura-labio fue Argolluda. Era notorio que Amor doble apellido cuanto más lejos la tuviera, mejor; si yo no supiera que se casaron hace un rato largo ya, creería que nada tienen que ver entre sí. Amor doble apellido no le dirigió la palabra ni la hizo partícipe de ningún comentario. Argolluda ante cada pavada que enunciaba, coreaba: ¿No, amor? Argolluda, en uno de sus perfiles de red social se describe: Plenamente casada con Amor doble apellido, mientras exhibe una foto de los dos, sonriendo. Amor doble apellido, en su perfil de red social tiene la foto de él cuando era pequeño y no la nombra en ningún lado, sólo menciona a su equipo de fútbol. Argolluda plenamente casada ignora (y en eso tengo serias dudas) que no hace mucho, Amor doble apellido estuvo tratando de levantarse a su compañerita de laburo, que -dicho sea de paso- yo conozco. Pero, claaarooo, todo eso no importa porque Argolluda está casada (plenamente), vive en un hogar de dos pisos con un marido, dos hijos y un caniche. Tiene una cadenita con dos dijes de niñitos (el nene y la nena). Tiene un auto cuyo vidrio trasero muestra el calco de la familia de mayor a menor, el papá con el chorizo ensartado en un tenedor, la mamá muy canchera con una canastita, la nena con moño y el nene con pelota, ah, y un perrito también. Tiene “casada” en el perfil del face, y muchas fotos de cumpleaños en familia y vacaciones. También tiene cenas en parejas, muchos obsequios de aniversarios y solicitudes completadas con el rótulo “casada”. Tiene un anillo y frases como “debo consultarlo con mi esposo”. También grupos de pertenencia del estilo. Y está bien, digo, seguir la pantomima a cualquier precio, empastinar la felicidad aunque el revoque se caiga a pedazos, ostentar la plenitud con stickers. No obstante debo advertir que lo que no está bien, Argolluda, es creer que todos estamos dispuestos a firmar el mismo contrato circense para que la apariencia siga engañando.