jueves, 24 de octubre de 2013

Plaza de los loros

A partir de octubre el año laboral se va tornando un tanto insoportable. La gente se pone cada vez más demandante, quisquillosa y nada agradecida. Yo trato de no estallar en un ataque que incluya catanas, armas punzantes y ríos de sangre; y algo que colabora mucho son los mediodías en la plaza. La bauticé Plaza de los loros, porque está repleta de esas cotorras atrevidas que les roban las migas a las palomas. Hay un bálsamo en la plaza de los loros, hay un ritual cada mediodía que calma mi fiera interna y me reconcilia con la vida: los perros.
Me siento en un banco y mientras almuerzo al calor del sol veo a los perros que desenfrenadamente corren y juegan en el pasto. Absorben la totalidad de mi atención y pierdo la noción del tiempo. Son fantásticos. Se huelen un poco y de repente comienza la persecución. Uno sale disparado, corriendo desbocadamente alrededor del monumento central, medio de coté, el otro lo persigue como una flecha enloquecida, y pronto se da cuenta de que en lugar de perseguirlo detrás puede dar la vuelta desandando el camino. Ahí se topan. Se quedan con las patas delanteras agachadas y la cabeza casi en el piso. El culo parado. Congelados. Uno pestañea y comienza la rutina nuevamente. Después están los que corren a las palomas, a una botella de agua vacía, a una bolsa, a una mosca. Cuando los veo correr así, tan alocadamente con la lengua colgando al costado, siento que la felicidad total debe ser algo como eso. Menos mal que existen los perros.

viernes, 18 de octubre de 2013

E.T.

Es dulce. Por momentos, excéntrico. Raro por inherencia. Habla bastante. Su cerebro, todo un mundo, grafica hasta el detalle más insignificante. Y su aparato fonador se encarga de manifestarlo en voz alta. Se ríe gracioso. Carece del elemento nefasto de la superficialidad. Él es. Y allí reside lo llamativo. Hace voces. Pide perdón porque sí. Tiene una nuca que atenta contra mi sano juicio. Es demostrativo and no matter what. No especula. Sabe jugar. Yo lo miro de reojo aún, por si se convierte en humano. Es todo eso y un poco más. Y me agarró distraída.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Let the music do the talking

No sé si la vida es la complicada, a veces es el irónico timing que se nos mata de risa en las propias narices.

House of cards. Radiohead
I don’t wanna be your friend
I just wanna be your lover
No matter how it ends
No matter how it starts
Forget about your house of cards
And I’ll do mine
Forget about your house of cards
And I’ll do mine
Fall off the table and get swept under

Denial, denial

The infrastructure will collapse
From voltage spikes
Put your keys in the bowl
Kiss your husband goodnight

Denial, denial
Denial, denial
(Your ears should be burning)
Denial, denial
(Your ears should be burning)

domingo, 29 de septiembre de 2013

Intertextualidades

Iba a ponerme los zapatos cuando ella me miró el pie.
–A mí también me gusta andar descalza– dijo.
No me puse ningún zapato. No soy el tipo de persona que puede ponerse los zapatos si le están mirando el pie. Lo que hice fue decirle:
–Entonces sacate las sandalias.
Lo demás seguramente se puede contar de muchas maneras, pero la más honrada es decir que me acosté con ella.
El evangelio según Van Hutten, Abelardo Castillo (fragmento)


Llovía mucho para ser domingo. Muchacho prolijo cruzó el umbral de la puerta y se quedó parado sobre la alfombrita.
–Sacate los zapatos, los tenés mojados y te va a pasar el agua a los pies– le dije.
Allí inmóvil y ante mi insistencia me confesó casi en voz baja:
–Es que tengo una media rota, y me da vergüenza que la veas.
Lo demás seguramente se puede contar de muchas maneras...

domingo, 15 de septiembre de 2013

Muy domingo

Escuchar Drexler un domingo lluvioso puede ser contraproducente, o tal vez a última hora alguien toque el timbre sólo para abrazarte y así dar por tierra con eso de que el tiempo todo lo cura.
Tengo tu voz,
tengo tu tos,
oigo tu canto en el mío.
Rumbos paralelos,
dos anzuelos
en un mismo río.
Vamos al mar,
vamos a dar
cuerda a antiguas vitrolas.
Vamos pedaleando
contra el viento,
detrás de las olas.
Tengo una canción
para mostrarte,
tal vez cuando vaya...
Tengo tu sonrisa
en un rincón
de mi salvapantallas.
Años atrás
de pronto la casa
se llenó de canciones.
Músicas y versos
que brotaban
desde tantos rincones.
Vamos al mar,
vamos a dar
guerra con cuatro guitarras.
Vamos pedaleando
contra el tiempo,
soltando amarras.
Brindo por las veces
que perdimos
las mismas batallas.
 

(clic en el título) 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Bajos instintos

Existen cosas bastante extrañas en los hombres que me generan ternura. Una de ellas es cuando usan los cordones de las zapatillas estilo Topper muy ajustados, casi que se juntan las dos hileras de ojales, y los cordones en un moño largo largo caen por los costados. No sé por qué deformidad de mi psiquis, pero me da ternura y ya. Hay algo de inocencia, no sé. Hoy, parada en el medio del colectivo, no pude quitarle la vista de encima a un par de pies con las características antes dichas. Miro miro miro miro hasta que escucho: ¿Me estás mirando las zapatillas? Levanto la vista y veo unos ojos preciosos, no por el color sino por la forma y las pestañas. Contándote los ojales, respondo. Él, ¿cuántos hay? Yo, 12. Él se sonríe elogiando mi precisión y se excusa, Si no llegara tarde al trabajo, te invitaría a desayunar; y yo remato, Y yo ya me bajo... lástima. El se despide con un tal vez la próxima, y yo le respondo tal vez, y me bajo luego de comprobar que no todo es tan malo en los bondis.